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sábado, 10 de enero de 2015

Lucía (continuación)


-Esteban dio dos vueltas a la manzana, al llegar a la esquina hizo juego de luces y estaciono en la terminal abandonada, donde siempre, esperando la llegada de Héctor, que vivía en ese humilde barrio donde la marginalidad hacía estragos, el muchacho corrió hasta el coche importado y sacó de entre sus prendas unos documentos guardándose un sobre solo para él, Esteban los recibió colocándolos en la guantera, pagó por su servicios y se retiró del lugar a gran velocidad.

-Héctor colocó el dinero dentro de sus medias dirigiéndose al teléfono público e hizo una llamada ofreciendo el sobre que se había guardado.

-Del otro lado le confirmaron la operación.

-Se apoyó sobre la barra del bar, pidió una cerveza mientras observaba el espectáculo que daba la borracha entrada en años, cada noche era lo mismo, llegaba muy bien arreglada y perfumada, luego la invitaban a beber perdiendo la compostura, subía y descendía del cuarto tantas veces como fuera posible por una mínima cantidad de monedas, otras veces por nada, solo por un trago más, que aplacara los fantasmas de su cabeza.

-De rostro una vez hermoso, lozano, ahora solo reflejaba dolor, e inmensa amargura, las arrugas se agolpaban unas con otras haciéndose lugar donde cobijar, las comisuras de sus labios agrietados de fingidas sonrisas remarcaban su expresión de mirada sin sueños.

-La noche estaba concurrida el lugar permanecía atiborrado de gentes risueñas, la bebida se deslizaba por las gargantas donde nacían cantos  e intérpretes de poca monta.

-Héctor miró hacia la ventana, vio estacionarse un coche nuevo, haciéndose paso entre los concurrentes caminó con dificultad por los obstáculos hacia la puerta de entrada, cuando una mano se apoyó sobre su hombro derecho, al girar, vio el rostro de Esteban quien con una mano quitó de entre sus prendas el sobre faltante, y con la otra dio unos golpes sobre su espalda, y continuó su camino saliendo por la puerta de emergencia.

-El joven delincuente no tuvo tiempo de entender lo que sucedía,  el calor corría por su cintura descendiendo hacia sus piernas las cuales sintió cansadas, levanto la mirada vio acercarse al dueño del coche nuevo que se dirigía hacia donde él se encontraba, su mirada se nublaba cayendo al piso, la sangre brotaba serpenteante sobre sus pies, de pronto recordó que ese día no saludó a su madre, vio sus ojos dibujarse en el aire, sus caricias, cuando le pedía que estudiara que se alejara de las malas compañías, todo era tan claro y confuso, cerró sus ojos para descansar, trayendo a la memoria la imagen de esa tierna viejecita, cuando el terminara con su vida, solo por unas pocas monedas, su nombre, su nombre llegó como un flash a su mente, Ema…



-Cuándo olvidamos el vivir,
 el soñar,
las herramientas para imaginar un
futuro mejor,
donde hacernos al mañana
en una nueva realidad…
Olvidamos,
nuestra naturaleza humana.


Continuará


Lucía: XXXI

Lucía (continuación)


Amar a pesar de todo, aceptando las diferencias...

-La mañana verde nació al nuevo día, los pájaros se retiraban en busca del alimento diario en medio de barrullos con sus trinos, los capullos lentamente se abrían a la vida floreciente, el aroma del pasto húmedo por el rocío relajaba los sentidos aun adormecidos.

-Lucía descendía por las escaleras fresca, radiante, fuerte, su cuerpo ya restablecido, el color en sus mejillas y en sus labios.

-Las jóvenes se miraron mientras desayunaban ninguna hablaba, ambas sabían lo que la otra pensaba…

-Sarita comenzó… - Siempre lo amé, aun sabiendo quien era, conociendo sus secretos, nunca pude alejarme de él, mi sueños sobrevolaban la realidad, la pasión se apoderaba del razonamiento, mi piel, manos, uñas, los sentidos todos, se enardecen cuando estoy frente a Esteban, no puedo sino dejarme llevar y amarlo, amarlo loca y ciegamente, sin importar los detalles, ni que él, solo te amara a ti…

-Las lágrimas corrían por su bello rostro, haciéndola más hermosa, sonrojada, con sus enormes ojos que reflejaban el amor, que brotaba de su interior.

-Lucía escuchaba atentamente, ella lo sabía…

-Confundida no entendía que sentir, o pensar, la pena se apoderaba de su interior, conocía lo que él provocaba, no le eran ajenos sus juegos de seducción.

-Caminaron por el parque de la mansión, conversando ambas sentían respeto y cariño por la otra.

-Al sentarse a la cena se oían los ladridos de los perros guardianes, que corrían acercándose a la puerta de entrada, las luces del coche se apagaron, y los pasos retumbaban muy cerca, la puerta de calle se abrió, y Rafael se hizo presente en el comedor…

-Saludo respetuoso y acaloradamente a su hermana, luego dirigió su mirada, Lucía, y se acercó dándole un beso en la mejilla, acariciando sutil e imperceptiblemente  sus largos y sedosos cabellos.

-Durante la comida solo habló él, de sus negocios, viajes y proyectos, su rostro frío guardaba algo de nostalgia, cuando hablaba parecía interrogar con sus ojos,  Lucía se sentía incómoda sin saber que responder a su mirada.

-Después del café, Sarita se retiró a su dormitorio dejándolos solos para que pudiesen hablar en privado, Rafael necesitaba saber cómo sobrellevaba el diario vivir, y cuáles serían sus siguientes movimientos… Continuará



Lucía: XXX

Lucía (continuación)


No todo es lo que parece, ni todo lo que brilla transparenta su interior...


-Lucía abrió los ojos y una mano cálida acarició su frente, los cerró nuevamente quedando dormida por los sedantes que aun hacían efecto.

-Se encontraba en una habitación en buena compañía, protegida, con cuidados debido a su debilidad, la enfermera la observó por un momento, miró el reloj preparándose para su partida,
acomodó su almohada, las sábanas, cubriéndole el pecho con una manta, cerró las cortinas y se dirigió a la puerta del placar en busca del abrigo, cuando la puerta de calle se oyó abrir, camino en esa dirección despidiéndose hasta el siguiente día.

-La mujer que acababa de entrar, subió las escaleras suave y sutilmente, su figura se meneaba como deslizándose, de tacos altos y polleras ceñidas al cuerpo, escote prominente, su fragancia impregnaba las habitaciones de la casona.

-En el exterior los sonidos se habían apagado, la oscuridad cubría con su manto cada sitio, los árboles formaban figuras fantasmales, todo se trasformaba.

-Mientras los días se sucedían, la joven se reponía satisfactoriamente, tomando fuerzas para levantarse de la cama y caminar por el jardín, disfrutaba de la naturaleza que el campo le ofrecía, los aromas, colores, animales, pájaros y flores.

-Necesitaba recuperar sus energías, para enfrentar cualquier circunstancia que acaeciera, el médico la visitaba asiduamente, confirmándole su aborto espontáneo, por tratarse de un embarazo ectópico, al tener las trompas ligadas.

-Lucía rompió en llantos al recordar esa horrible tarde tratando de escapar del horror, no pudiendo salvar a su hijo que anidara en su vientre materno, se recordó corriendo por ese callejón para caer súbitamente al piso, todo le resultaba muy doloroso, ese hombre que amaba le era un extraño.

-Aun así no podía dejar de amarlo, sus pensamientos la llevaban a él, a sus brazos que tantas noches la habían cobijado haciéndola sentir única y amada.

-Su piel se estremecía al recordar, una piel y boca con recuerdos húmedos aún, se avergonzaba así misma por sentir esa pasión arrolladora por él, su amor y verdugo… Continuará



Lucía: XXIX

martes, 30 de diciembre de 2014

Lucía (continuación)


-Lucía soñaba intensa y vívidamente, sus piernas cansadas corrían doloridas y sangrantes, una fuerza sobrehumana la detenía regresándola a ese momento del que tanto huía… 

-Recostada en la camilla podía ver el quirófano, su boca amordazada, el instrumental, y sus ojos, esos ojos que la observaban detrás de aquel barbijo colocándose los guantes, por detrás ella, con una jeringa dirigiéndose hasta donde se encontraba luchando con todas sus fuerzas para desatar sus manos y huir del lugar…

-Se decía nada podía ser real, solo era un sueño producto del estado en que se encontraba, oía sus voces, Esteban acariciándola pidiéndole, suplicándole despertara, su amiga y hermana Alicia leyéndole cada día, y voces extrañas que no reconocía le hablaban reconfortándola.

-¿Que era real, y que era fruto de su delirio?

-Su cuerpo comenzó a reaccionar, pestañó lentamente primero, luego abrió los ojos miro la habitación se encontraba sola, un silencio rotundo acompañaba, movió las manos, los dedos, cansada cerró los párpados relajándose, entraron las enfermeras y los médicos al ver sus reacciones revisándola, cambiaron su medicación y se retiraron.

-Descansaba en la espera mientras pensaba en sus sueños, dejaba volar su imaginación pensando la alegría que vería en sus rostros cuando la vieran despierta.

-Se encontraba adormecida, cuando el aroma de Esteban la intranquilizó deseaba darle la sorpresa, no venía solo, ambos llegaron dejando sus cosas sobre la silla, ella se apoyó sobre su hombro, él la tomó de la barbilla y besó, a lo que ella respondió apasionadamente, en un juego de seducción.

-Sus lágrimas  brotaron como ríos sin cauce golpeando contra la orilla sin encontrar un conducto donde derramarse, forzaba sus gritos silenciándose para no ser vista, ellos se retiraron sin siquiera mirar.

-Por la noche despertó recordando lo que había visto y su mente la llevó al ayer, a ese tiempo borrado, donde el olvido había sembrado sus raíces, y lo supo, ella estuvo ahí todo era cierto…

-Esteban al fin recobraba la señal de su teléfono, vio con atención las numerosas llamadas del hospital, del día anterior y luego por la madrugada, corrió sin antes hablar, llegando prontamente hasta la sala de guardia, donde le comunicaron del progre.so de su mujer, y de su ausencia.

-Una enfermera se acercó preguntándole si no se había percatado de su estado el día anterior al llegar, su mujer estaba despierta le dijo seriamente, su mente se lo dijo, ella lo sabía todo regresaba a un principio.

-Llamó con insistencia a la oficina de Alicia quien no se encontraba su vuelo ya había partido,  corrió por los pasillos en busca de respuestas, nadie la había visto salir del lugar.

-Se tomó la cabeza con ambas manos y recordó llamar a Roberto, él sería la única persona que podía ayudarlo.

-Roberto prontamente se presentó en su oficina y coordinaron el área de búsqueda, Esteban dirigió su mano hacia el cajón de la derecha y retiró un sobre, era la paga de cada mes por sus servicios y su silencio, el hombre lo tomó y marchó muy de prisa. 

-Rafael observaba silenciosamente desde las sombras podía ver el miedo reflejado en su rostro, sabía que algo ocurría el seguiría con sus negocios.

-Al llegar al departamento de Lucía vio con extrañeza un nuevo guardia, mucho más joven y amable, saludó muy respetuoso y continuó, allí no había rastros de su mujer, ni de que ella hubiese estado en el lugar, revisó si faltaba algo, todo estaba en orden, continuó con su búsqueda, sin saber bien donde buscar… Continuará



Lucía: XXVIII


Lucía (continuación)


-El médico miro con resignación a la joven al darle la triste noticia, quien compungida cayó desmayada al piso, golpeándose la cabeza contra un hierro que sobresalía del aparato de ventilación, ya no despertó…

-Las semanas pasaban, Lucía se encontraba en coma, nadie podía saber si despertaría y cuándo...

-Esteban había abandonado la oficina pasándole el mando a su socio Rafael, quien se hacía cargo de todo.

-El joven no tenía cabeza para pensar en nada más, su padre se hacía presente espaciadas veces, desde que había caído en quiebra no había vuelto a ser el mismo, su madre había muerto hacía ya tiempo, Lucía no tenía familia solo su esposo y su amiga Alicia, quien no se movía de su lado,  leyéndole fantásticas historias, con la idea de lograr su reacción.

-Esteban regresó bañado y afeitado, habían pasado tres meses al entrar a la habitación colocó una mano sobre el hombro de Alicia para despertarla suavemente, se acercó a su oído y le habló por su nombre, la joven despertó con su aroma impregnado, esa sensación le trajo recuerdos y sonrió, tomando la mano, asintiendo haber despertado, se miraron por unos instantes, ella  tomó la cartera y se retiró.

-Él quedo pensando en la situación mientras tomaba la mano de Lucía, frotándola para brindarle calor, se acercó la besó delicadamente en los labios, luego depositó un tímido beso sobre sus mejillas, esperaba con ansias que ella despertara cual bella durmiente.

-A los cinco meses, Alicia regresó cansada de su casa a tomar el lugar al lado de la cama de su amiga, Esteban la esperaba con las manos sobre la cabeza inclinado hacia delante, al verla llegar se incorporó velozmente y la besó en los labios… Necesitaba tanto ese beso…  Ese vacío que sentía, ella lo tomó del cuello, respondió con suavidad y pasión, ambos salieron de la habitación camino a la terraza, la enfermera de guardia al ver la escena se dirigió hacia la habitación, tomando asiento y retomando la lectura.

-Esteban la tomó por las caderas y la apoyó sobre la pared, Alicia levantó las polleras introduciendo con las manos su sexo,  nada los detenía, saciaron sus deseos una y otra vez, sobre la terraza del hospital junto al tanque de agua, él besaba el cuello, ella gozaba susurrando lo mucho que lo deseaba, recordando las tardes de verano junto a la orilla del mar, sobre la arena blanca, intensos suspiros esbozaban ansiosos, sin temor de ser vistos.

-Él se recostó sobre el pecho estabilizando la respiración, ella aun disfrutaba de los espasmos, dejando libres los últimos gemidos…

-La bajó acomodando sus ropas, la besó fugazmente en los labios y juntos descendieron por las escaleras, ella se dirigió a la puerta de salida trasera, el caminó hacia el baño de hombres, donde se tomó de la cabeza, golpeándose con los puños por haberlo hecho, cuando tantas veces se había prometido no volver a caer en su brazos.

-Alicia se había ido, aun su fragancia la sentía en el aire, mareándole los sentidos.

-Las siguientes semanas se turnaba con las enfermeras,  debido que Alicia había retomado sus funciones, él iba solo por momentos a la oficina, Rafael tenía todo controlado junto a su secretaria Sarita.

-Ella esperaba una mirada de él, algún gesto que no recibía, Rafael observaba sin comentar.

-Esteban se retiró de la oficina y decidió esperar sobre su coche a que saliera la muchacha, sentía que debía darle alguna explicación…

-Cuando ya todos se habían retirado, venía Sarita, con polleras ceñidas al cuerpo, escote y tacones altos, meneaba las caderas voluptuosas en un vaivén excitante, pensó que podría explicarle en otro momento, y descendió del coche dirigiéndose hacia ella, en ese momento Rafael se acercó llamándola por su nombre con voz autoritaria, la muchacha se dirigió hacia él, subiendo al coche.

-Esteban quedó viendo la escena, los vio marcharse juntos…   Continuará


Lucía: XXVII



Lucía (continuación)


-Los días pasaban en total reconciliación las sombras no asomaban sus narices intrépidas, cada nuevo amanecer llegaba insinuante, ante los amantes que se consumían en deseos ardiendo en su lecho, todo parecía volver a la normalidad, ella había regresado a su antiguo departamento, él felizmente sentía que su amabilidad, protección la consentían que ya nada le faltaría, pausadamente la seducía envolviéndola entre sus brazos y caricias ella se lo permitía, embriagada en su aroma recorría su hogar, escribiendo, soñando con volver a ser feliz, esta vez para siempre.

-Necesitaba de él, como él de ella, sus besos la adormecían, su piel, su boca y sus manos respondían al sortilegio de amor, nada la apartaría de su lado, la magia era un hecho, instalándose lentamente en sus vidas.

-Esteban regresaba temprano de la oficina y Lucía organizaba el tiempo disponiendo su uso junto al esposo, la felicidad preparaba un sabroso café matinal cautivando sus corazones.

-La joven levantaba la vista y las miradas se cruzaban conquistando las pupilas hechizadas, las sonrisas brotaban acercando sus cuerpos, tomabanse de las manos, admirando esos momentos de relax, como la pasión electrizaba el ambiente los trasladaba a un estado de ensueño, del que no querían despertar decididamente.

-Esteban regresaba de la reunión de los jueves, era la única noche que retornaba tarde, con un ramo de rosas rojas, y una tarjeta escrita a mano, que decía, “Allí donde exista el amor, seremos partícipes  tú y yo”.

- Abrió la puerta de su departamento las luces se encontraban apagadas, se apresuró a encenderlas se dirigió al dormitorio, en la habitación no encontró a su mujer, buscó en el baño y al tomar del picaporte notó que algo se interponía, empujó hasta abrir y grande fue el terror que sintió al ver su mujer tirada sobre el piso cubierta en sangre desvanecida, su respiración se conmocionó, necesitaba llamar a urgencias y las palabras no salían de su boca paralizada.

-Un grito al fin y acudieron los vecinos, Roberto se encargó de llamar la ambulancia, mirando fijamente a Esteban quien no podía salir de su estado de afligimiento.

-La mañana llegó el joven se encontraba parado al lado de la cama de su mujer, no podía imaginar que era lo que le habría sucedido, ni de dónde provenía la sangre.

-Al llegar el recambio de enfermeras le pidieron salir de la habitación, mirándolo con compasión  sabiendo que pronto el médico le diría lo que acontecía.

-El médico lo observó unos instantes antes de hablar, después de revisar a la paciente, y paulatinamente le fue aclarando lo ocurrido, la mujer había sufrido un aborto espontáneo, seguramente por la caída dentro de la habitación de baño…

-Esteban sintió que un puñal se clavaba en su interior para salir por cada orificio de los poros, corrió hacia el baño, vomitó los nervios y la angustia que esa terrible noticia le producía.

-Lucía comenzó a despertar, al abrir los ojos miro a su marido y puso una mano en su vientre, él se la tomó y besó pidiendo que regresara a dormir, que muy pronto regresarían al hogar, la joven asintió con la cabeza y cerró los párpados.

-Por la madrugada su pesadilla la llevó más lejos… Se encontraba en una habitación y de las piernas brotaba sangre que se escurría hasta los pies, ella buscaba la salida tratando de escapar, luego corría cayendo al pavimento, una mano la ayudaba a levantarse… Unas manos  fuertes, ágiles, y despertó llorando a Esteban quien se había dormido debido al cansancio.

-Él la abrazó y contuvo hasta que llegó la enfermera de turno, quien le inyectó un tranquilizante.

-A él, lo envió a descansar, ya que nada podía hacer, hasta llegada la media mañana que sería cuando el efecto del inyectable pasaría.

-Sentía que debía mantenerse a su lado, acomodó la silla y tomó asiento, a los minutos la enfermera regresó con una frazada y le ordenó que se recostara en la cama conjunta.

-Algo no le permitía dormir, las palabras del médico daban vueltas en su mente chocándose unas con otras, para volver armarse y así sucesivamente.

-Él sabía que eso no podía ser cierto, no podía estar pasando, miro a Lucía que descansaba cerró los ojos y se durmió.

-Por la mañana los médicos y enfermeras iban y venían, por los pasillos, los sonidos de los pasos retumbaban produciéndole fuertes dolores de cabeza, lavó su rostro y dejó correr el agua por las manos, tranquilizándose poco a poco.

-La joven despertó y nuevamente llevó la mano hacia su vientre, recordando que, cada vez que algo la ponía triste tenía ese reflejo… Continuará



Lucía: XXVI


viernes, 19 de diciembre de 2014

Lucía (continuación)






Diario personal, Sarita



-Nuestra casa ya no es un hogar, un refugio donde resguardarse del afuera, ya no huele a primavera de mi madre, ni alegrías y costumbres, los aromas desaparecieron, muy lentamente se retiraron por la noche y al caer la mañana todo era muy distinto, la nostalgia sobrevuela el aire asfixiando los conductos que estremecen cada sentido o emoción, aletargando los silencios llevándolos muy profundos, las palabras quédanse quietas casi dormidas, los suspiros interminables.


-Las miradas se cruzan sin dirigirse, interrogándose en milésimas de segundos, luego callan mirando hacia la nada.- ¡Se fue, haciendo tanta falta!



-Nunca habíamos experimentado esta emoción, de repente ella lo era todo, su sonrisa llena de luz y magia le ponía calor y color al hogar, su aroma persistente e irresistible era símbolo de calidez de seguridad y amor.


-Las palabras le gustaban, saborearlas por el paladar y dejarlas salir junto con su aliento, no las callabas ni las guardaba, sabía que de nada serviría llevarlas donde más nadie las escucharía, las pronunciaba, inventaba y recogía como mariposas en el aire, de sus sueños de cada uno de sus anhelos y las vestía de fiesta celebrando la vida.


-Las lágrimas se escurren por los párpados llegando al comienzo del cuello de las camisas que nos cubren abrigándonos, mojándonos tiñendo de aureolas que dibujan imágenes desentonando con el paisaje y color de la prenda, el invierno ya se despide con la estación de lo nuevo muy cerca, aun así hacía frío en nuestros cuerpos.


-¿Será que quizás morimos sin saber, desterrándonos del tiempo, agobiados por la bruma que nos ciega sin dejarnos ver el futuro internándonos en el pasado?


-Una mujer luchadora con espíritu aventurero a veces melancólico, que absorbía las emociones destilándolas en hojas secas del otoño, le gustaba la lluvia verla correr por el cordón para perderse en la alcantarilla en busca de nuevas gotas que quedaban rezagadas.


-Ella sabía de soledades y recuerdos, de angustias, pesadillas de promesas incumplidas y sueños rotos prefiriendo la ilusión la esperanza que le ofrecía cada amanecer cuando la aurora desprendía su velo cubriendo el cielo floreciente.



-La lluvia cesó y a lo lejos se perciben las tonalidades del arcoíris, el vapor del café empaña los cristales del ventanal, su aroma la trajo nuevamente, un olor a jazmín nos envolvió todo vuelve a la vida, mañana será otro día para recordarte...
Continuará











Lucía: XXV

Lucía (continuación)




Despliega tus alas
asciende libre vuelo
nunca decaigas,
reconoce tus fuerzas,
lucha en la escarcha,
en el verde florecido,
celebra la vida,
escribe tu destino...




-Sarita saludo a su hermano quien acababa de llegar de un largo y cansador viaje de negocios, se dieron un abrazo y caminaron juntos a la cocina, ella se adelantó y colocó el café en granos mientras Rafael cambiaba el filtro, sus ojos se encontraban en una pregunta interminable sin respuestas donde cada uno buscaba consuelo, para salir de la desdicha, él deseaba hablar, ella no…


-Se paró en puntas de pie para alcanzar la bandeja que le había regalado su abuela y los pocillos, Rafael la observó por unos instantes, y sonrió…- ¡Siempre serás la misma terca!... -puedes pedirme lo que necesites, o buscar una superficie donde subir y tomarlo, ya verás hermana que hay veces en la vida, que uno debe saber solicitar ayuda.


- A la joven le temblaban las manos, él la ayudó llevándola de un brazo hacia su asiento y regreso a la mesada en busca del café, colocó en la azucarera los terrones y unos sobres con edulcorantes en un plato pequeño, después de servir el café, comenzó a removerlo como perdido en busca de un mundo nuevo, en ese ir y venir de la cuchara, el vapor empañaba su mirada y sus ojos derramaban lágrimas con inmenso dolor…


-Sara lo miró afligida, era la primera vez que veía a su hermano llorar, desde la muerte de su padre quien era un médico reconocido por su labor a la comunidad y por la nobleza de su alma.


-Sintió un fuerte impulso, lo abrazó para terminar en un llanto al unísono, las palabras estaban de más, aunque hubiera preguntas esparcidas por el aire, demás estaban las razones, en un momento de dolor nada cobraba mayor interés.


-Ella sabía que su hermano mayor había sido el consentido de su madre. Durante su niñez había sufrido las diferencias, pero no guardaba rencor mucho menos dolor por esa situación, solo pena al saber que ella no estaría para él, que era quien más la necesitaba. Su madre era su refugio, su cable a tierra, acariciaba su rostro con inmenso amor, besaba su frente, deslizaba sus dedos por sus cabellos peinándolo, siempre lo había visto como a un niño.


-Rafael con mirada de interrogación preguntaba… -¿Por qué?


-El desconsuelo era inmenso para sus corazones, el de ella frágil y dulcemente enamorado… El de él, duro como una roca, aun así sentía morirse por dentro… Su mínima motivación y capacidad de sentir la humanidad en sí, yacía muerta junta a ella, amor único en la vida. Su madre Abigail; quien lo había cuidado con esmero y dedicación, había otorgado todo cuanto el quisiera, conocía la historia de su nacimiento, admirando la determinación de su madre al abrirse paso en la vida, mucho antes de conocer a quién fuese su padre, por adopción quien le prodigo amor y contención.



-Su pasado terminaba brindándole paso a una nueva historia en su presente estaba solo, conocía las lágrimas de su hermana al regresar de la oficina, mordía los labios y se preparaba para escribir su propio destino donde ella era sería su fuerza, por quien el velaría…
Continuará






Lucía: XXIV

Lucía (continuación)






-Lucía se sintió mal en esa situación, se dirigió a la habitación, se recostó, Esteban se hizo cargo de los platos, saco la basura, preparó café, golpeó la puerta que estaba entreabierta y se sentó a su lado en la cama, ella aceptó de buen agrado sosteniendo el pocillo con ambas manos, y comenzó a llorar, no entendía que sucedía, él la abrazó sin pronunciar palabra, y se recostó acariciando los cabellos, pensando lo mucho que la amaba, sabía que ella necesitaba tiempo, ayuda.


- ¿Que sería lo que la atormentaba?


-¿Que desdicha la alejaba?


- La abrazó muy fuerte apoyando la cabeza en el pecho y la dejo dormir, mientras él velaba su sueño.


-Despertó bruscamente tomándola entre los brazos, tratando de calmarla, besaba su frente, los párpados húmedos que vertían lágrimas salando sus labios, nuevamente la pesadilla, la hacía presa del pánico.


-Él deseaba consolarla hacerla sentir segura, que supiese que nada malo le pasaría, a su lado…


-La mañana los descubrió dormidos tomados de las manos, ella, con el rostro apoyado sobre el torso de él. Él sosteniéndola de su cintura con una mano y con un brazo debajo del cuello de Lucía, con el mentón sobre la frente.


-La joven despertó abrió sus enormes ojos y lo vio, lo sintió, tenía la nariz pegada sobre el velludo pecho, la fragancia la envolvía agitando la respiración, oía retumbar los latidos en su cabeza, segregaba fluidos sobre su sexo femenino, lo deseaba con insistencia, la voluptuosidad de él aproximada, tan cerca que podía sentirla erguida entre la cavidad que permitían las piernas de ella, al estar abrazados.


-Descendió suavemente rozándolo con la mano izquierda, quería tomarlo, agarrarlo con sus delgados y delicados dedos, guiarlo hasta las profundidades de su fuente sin contemplación, y volar hacia un viaje sin retorno, sabiéndose feliz cada vez que él la tomaba.


-Esteban había despertado percatándose, esperando ansioso el momento en que se decidiera actuar, sutilmente acerco su ingle hacia ella cerrando los ojos, fingiendo dormir la abrazó muy fuerte.


-Lucía con los deseos alborotados y el nudo en el pecho gimió de dolor por no tenerlo, lo besó, beso el cuello de Esteban mientras se introducía por la cremallera en busca de su erguido miembro.


-Él la desnudó lentamente mientras besaba sus pechos, jugaba con sus deseos, haciéndose dueño del momento, excitándola, lamiéndola, provocándole frenetismo y locura. La amaba ciegamente, sabía cómo llevarla hasta el precipicio y arrojarla a su sexo ardiente.


-La penetraba suave y delicadamente con un amor que lo llenaba de satisfacción, la quería, ella era su todo en el mundo, solo para él, saberse su dueño, la veía con júbilo desesperada gozándolo, llegando una y otra vez.


-Ella sentía que sus emociones se aglomeraban su amor por Esteban era inmenso, él la hacía sentir amada, complacía su sexo de una manera única, sus orgasmos la hacían levitar, solo Esteban conocía sus gustos más intensos lo que la encendía hasta sumergirla en el abismo de lujuria. Lo sentía penetrándola deseando eternizar esos instantes…
Continuará








Lucía:XXIII

martes, 9 de diciembre de 2014

Lucía (continuación)


Varias semanas después...

-Abrió sus ojos al asomarse la mañana, gris y fría, miró rápidamente a su alrededor y vio a su pequeño dormido dentro de una caja húmeda de cartón, por el  agua que se escurría de las alcantarillas.

-El viento soplaba fuertemente como un loco delirante y el frío penetraba los huesos, pensó cuánto tiempo más resistiría debajo de ese puente, caminó unos cuantos metros sin alejarse, en busca de papeles y ramas para encender el fuego.

-Por las noches en sus sueños, Andrés llegaba extendiendo sus brazos dulcemente para abrazarla, impregnándole su aroma en su piel, en su rostro, luego tomaba al niño entre sus brazos y juntos se marchaban de ese horrible lugar. Lo sentía tan intenso, que dolía el despertar.

-Por las tardes miraba hacia la ciudad, en la espera de la noche, cuando el vendría a sus sueños rescatándola con su amor.

-Dos años llevaban viviendo debajo del puente, la ciudad era un caos las guerras de pandillas azotaban con su violencia, se apoderaban de las calles, y las personas  se alejaban de las grandes ciudades en busca de pequeñas poblaciones, el hambre hacía estragos y los hospitales no daban abasto.

-Abigail enseñaba a su hijo a leer y a sembrar en la huerta que había construido  a la sombra de unos árboles, Rafael era un niño muy despierto, entendía muy bien lo que su madre le enseñaba.

-Así de esa manera humilde eran felices, sin depender de nadie, Rafael tarareaba una melodía que su madre le cantaba cada día, mientras jugaba con unos pequeños juguetes de madera que ella misma le tallaba, Abigail no olvidaba… 


-Abigail Corría con sus cabellos al viento sin mirar atrás, sentía el frío helado en su rostro sin  importar que lágrimas saladas formaran charcos en su blusa, corría, sentía que sus piernas no conocían el cansancio, una fuerza dentro de ella la hacía seguir, cada vez más, y más, sentía que el camino se alargaba cortándole la respiración, dio un recorrido por la guardia de aquel hospital con su hijo en brazos y sus pies descalzos hasta que al fin se desmayó.

-Despertó después de varios días, el color había vuelto a sus mejillas, su cuerpo estaba limpio, sus cabellos brillaban, era joven nuevamente…

-Su hijo se encontraba de pie al borde de su cama, con una manzana en sus manos sonriente, todo había pasado, solo se trató de una descompensación por el frío, pronto estaba por llegar la primavera, pero el frío rezagado se negaba a marcharse.

-Abigail miro a su niño, limpio, con vestimentas nuevas, zapatillas en sus pies, y vio, que esa vida no era lo que ella deseaba para él.

-El médico al conocer su situación le brindó su apoyo llevándola a una pequeña vivienda que fuese de su madre cuando aún  vivía, así pasaban sus días la primavera había llegado, Abigail consiguió trabajo en el hospital, su hijo asistía a la escuela, y el médico la visitaba cada día enamorado y admirado por su valentía.

En el presente...

-A los tres años de casados naciste tú, hija, ahora entiendes las razones por que tu hermano hace lo que hace, al morir tu padre nos dejó solo deudas, Rafael se hizo cargo de la familia, son sus negocios los que nos sacan adelante y hacen que nada nos falte.

-Nadie sabía exactamente a lo que Rafael se dedicaba, hacía préstamos, compraba empresas que se encontraban en ruinas, se quedaba con las viviendas de sus clientes, y con la de su padre, que un día viniera por un préstamo sin saber frente a quien estaba parado.


-La promesa de Abigail se había cumplido, ahora Rafael y Esteban eran socios, sin conocer el último que se trataba de su hermano… Continuará



Lucía: XXI - XXII

Lucía (continuación)


-El médico ginecólogo se hizo presente en la sala revisando a la joven madre, la observó por un instante y extendió su certificado de alta médica, al igual que el médico pediatra que, con su mirada interrogaba su soledad.

 -Con la advertencia, sobre la importancia de sus cuidados, y vacunas para el niño, y que no olvidara controlarlo, en sus visitas al médico, sobre su peso o posibles molestias que pudiera percibir, antes de retirarse ordenó a la enfermera proveyera a la joven madre de vestimentas para el infante y varios potes de leche, para aportar al buen crecimiento, Abigail quedó muy agradecida y abrigó muy bien a su niño, y partió  de la sala, caminó unos metros y regresó revisando cada rincón de la habitación, como si olvidara algo, en la cuna donde hiciera instantes su hijo durmiera vio unas frazaditas y las tomó, saliendo de prisa del lugar.

-Se dijo así misma, si ese acto que acababa de cometer era por amor, no se trataba de un delito.

-Al llegar a las puertas que la reunían con el afuera sintió como el peso de la vida caía sobre sus espaldas, miró hacia ambos lados sintiendo como cada detalle se agigantaba a sus ojos.

-Cruzó la calle y su niño comenzó a llorar, se sentó en un banco y le dio de mamar, mientras su hijo se alimentaba, su mente volaba, imaginando la reacción de Andrés, al ver a su bebe, en brazos, y caminó sola en el frío con hambre, cansada sin una moneda en sus bolsillos.

-Tocó el timbre del portero, que se encontraba a cien metros de la entrada a la casa, una voz la atendió, era Matilde la mucama de la familia, a quien se anunció, solo recibió negativas sobre cualquier información del joven, sin permitirle el ingreso a la residencia,  Abigail levantó su mirada desconcertada pudiendo ver como de la casa detrás de las cortinas la observaban.

-Se aferró fuertemente a las rejas y gritó, -¡Andrés, soy Abigail ven, conoce a tu hijo! -¡Es tu hijo Andrés!

-Nadie salió, rápidamente las cortinas se cerraron, la joven dejó su cuerpo desplomarse con su niño en brazos y sus piernas manchadas de sangre, lloró con llanto desconsolado apoyada en las rejas  mientras aferraba el niño a su cuerpo, de la casa salieron tres guardaespaldas para quitarla de la puerta y  arrojarla a la calle, lastimándole su frente y codos al apoyarlos para sostener a su hijo.

-Lloró en silencio, y se dijo que nunca más lloraría, y todo cuanto fuese de Esteban un día seria suyo, comprendiendo el porqué de su negativa cuando ella preguntaba por su familia, entendió que todas sus promesas de amor eran mentiras… Continuará




Lucía: XX

sábado, 6 de diciembre de 2014

Lucía (continuación)

Luego del desayuno Lucia se sentó junto a Esteban en el sillón, acurrucando su cuerpo junto a él, quien la abrazó fuertemente sintiéndola frágil y desvalida, la ternura se apoderaba de él y la contuvo, hablándole de nimiedades solo para alejar su mente de esos momentos, hablaron y sonrieron hasta que un ruido los despertó, su gato maullaba en la búsqueda de su alimento.

Los había tomado la noche en sus brazos serenamente dormidos, juntos sus rostros, sus aromas  entremezclados, Lucía se incorporó atendiendo a su mascota, aun disfrutaba del calor de su cuerpo, su calidez junto a sus brazos protectores, el aliento de su respiración en el contorno de su cuello, sonrió por un instante fue feliz…

Esteban miró su reloj recordando que no haber llamado a su oficina durante el día, al mirar de reojo vio como ella preparaba la cena para dos, y desistió de su llamada, seguramente Sarita habría reprogramado sus citas, y arremango su camisa ayudándola con la cena.

Sus brazos se cruzaban rozándose sobre la mesada, sus manos y sus pieles reaccionaban, sus miradas, fijaban a sus costados tratando de ver su reacción, ninguno mencionaba palabra, sus deseos se apoderaban insinuándose con la magia de la respiración agitada, la cena estaba lista prepararon la mesa, Esteban abrió una botella de vino y llevo las copas, Lucia servía en cada plato la ensalada y el filet, cenaban amándose en sus silencios, todo era calma y disturbios bullicios en el alma, en esa cena nadie pronunció palabra…Continuará



Lucía: XVIII


Lucía (continuación)

Esteban desconcertado recibió el llamado de Lucía quien se encontraba en la comisaría dando a conocer los hechos recientes,  el suboficial tomaba declaración de todo su relato con lujo de detalles, Esteban aguardaba en la oficina contigua mientras hablaba por teléfono con su socio, dándole nuevas órdenes a seguir, al final del papeleo la joven fue enviada a su departamento en compañía de una patrulla  custodio, mientras más se acercaban al lugar veían con asombro a sus vecinos fuera, por la acera en pijamas,  patrullas custodiando el lugar, ambulancias  en la entrada del edificio.

Lucia descendió del auto velozmente tratando de saber lo que acontecía, Esteban la tomó de un brazo diciéndole que él investigaría, y se acercó al guardia de seguridad quien se encontraba en silencio con lágrimas en los ojos, fue él quien  relató lo sucedido, la horrible muerte de Ema la viejecita del cuarto B, quien muriera en manos de un delincuente esa noche.

Esteban recordó a la mujer y su encantadora sonrisa, sintió pena de su infortunio y regreso con Lucía.

La mañana amenazaba con ser muy fría, la niebla ocupaba los espacios cegando las miradas, a lo lejos se divisaban las luces de los automóviles, el sonido de alguna bocina, la llegada del tren a la estación, se respiraba dolor e incertidumbre.

Uno a uno eran llamados a declarar, Lucía también, las horas pasaban muy lentas sentía frío, su bolso había quedado dentro del auto, al terminar camino muy despacio hacia Esteban que la esperaba ansioso.

Él podía oler sus cabellos en su proximidad, la abrazó para brindándole calor y la condujo hasta su piso, la joven dudó en entrar al departamento, Esteban se adelantó abriendo cada puerta de las habitaciones, Naiel se encontraba maullando fuera, en el balcón, todo parecía seguir igual.

Mientras ella tomaba  un baño el preparaba el café con tostadas, todo era silencio…

De pronto Esteban recordó a la mujer, sus cosas, sus adornos, sus fotografías sobre su escritorio, se trataba de una persona muy solitaria, llena de recuerdos, la tostadora lo trajo de regreso… Continuará


Lucía: XVII



miércoles, 26 de noviembre de 2014

Lucía (continuación)

La tarde se inclina en pendiente
en la búsqueda de esos sueños dormidos,
que olvidaron sus razones para ser,
Y siendo lo que fueron no llegaron a nacer…


El invierno se acerca, los árboles desnudos se preparan para su crudeza,  el cielo despeja sus grises para dar paso al blanco de las heladas, el lago amaneció con una leve escarcha y el frío lentamente se cuela entre los dedos coloreando de rojo las narices, quisiera que estuvieras para quitar este miedo que me atormenta…

Hoy me hace falta tu arena para mojar  mis pies en tus playas, y sentir el bramido  de ti para ser en tus rocas, porque todo se oscurece si no estás junto a mí, son tus brazos mis cauces, las fuerzas que me impulsan a seguir, la razón por las que mis piernas se balancean a un ritmo vertiginoso, sin igual, siguiendo el ir y venir de la gravedad mi motor, tus besos ardientes como llamaradas endulzaron mis labios impregnando el sabor de los sueños, esperanzas que una vez tuvimos y compartimos, jugando al futuro, a la posibilidad de levitar en el amor una eternidad, donde los huracanes no quepan y las tormentas viajen efímeras sin anidar.

El cielo se adormece tibiamente entre los laureles de tus silencios, el crepúsculo retrasa su llegada entre  amapolas y jacintos, el día se convierte en cenizas y la nostalgia desembarca con sus trenzas largas, porque no estás para abrazarme y sentir que aún no es tarde para amar, que la niebla muy pronto se disipará dejándole paso a la claridad de nuestros sentimientos.

Lucía se sentía atemorizaba vulnerable a lo desconocido, sus ojos no llegaban a ver por dónde venía el peligro y solo podía pensar en su amor, Esteban.

Quizás solo se trataba de su gato algo inquieto, quien desacomodara su departamento, decidió regresar, había pasado un día dentro de la habitación del hotel.


Se dirigió al baño para peinarse sus cabellos, tomó su bolso y al llegar a la puerta vio un sobre en blanco, al abrirlo una nota que decía, “Siempre te encontraré”… Continuará



Lucía: XVI

martes, 25 de noviembre de 2014

Lucía (continuación)


Ema


Estando en su cama comenzó a dudar de su cordura, recorriendo todos los movimientos del día y de los demás días recordando haber visto ese rostro en distintos momentos, al observar desde la ventana lo podía ver en el parque mirando hacia el edificio, al ir de compras muy cerca del puesto de diarios, sabía que lo conocía o que lo había visto en reiteradas veces…

Tomó el libro y continuó leyendo la  atrapante y magnifica historia, pasadas las dos de la mañana despertó con el libro en sus manos, lo apoyó sobre la mesa de luz, se quitó sus anteojos y apagó la luz.

En la oscuridad de su cuarto se asomaban las luces de la calle, una suave brisa entraba por su ventana que al mover las flores de su jarrón despedían sus aromas inundando la habitación, cerró los ojos y un ruido la obligó a reaccionar, levantó su mano en busca de la perilla del velador pero algo o alguien la sujetó aprisionándola en su cama.

Desesperadamente intentaba gritar, pedir auxilio, pero le era imposible un paño tapaba su boca, trataba de pelear pero todo era inútil su cuerpo era frágil para defenderse de semejante acto de crueldad, comenzó a desvanecerse viendo su vida pasar, sus sueños, alegrías, tristezas, los viajes que postergó, las palabras que no pronunció, su mascota amada,  las palomas del parque que la esperaban cada mañana, recordó aquel joven tan amable, el recorrido del taxi, que sería sin saberlo su último viaje, ya nada más podría ser, y ese mensaje de su hija adoptiva que nunca llegó, todo se iba de su esencia, se alejaba para darle la entrada a él que llegaba con una mano extendida a buscarla con su traje blanco que tan bien le asentaba.

Se paró delante de ella, la tomó de su mano y escuchó su voz que le decía, ven, ven amor a mis brazos ya no temas, estoy contigo, y juntos  partiremos hacia la eternidad, me has esperado vida mía y aquí estoy para amarte por siempre…


Ema se aferró con todas sus fuerzas y vio, que ya no había dolor ni tristezas, estaba en paz, solo amor había en su corazón y en sus recuerdos, miró hacia la cama y yacía su cuerpo inerte a merced de ese monstruo, lo vio huir de su departamento dejándola sin vida, y ascendió con su marido que había venido a llevarla ante la presencia de dios… Continuará


Lucía: XV

Lucía (continuación)

Ema


Al  siguiente y rutinario  día decidió que iría al cine, se sentía ahogada por el encierro, se vistió elegantemente, blusa negra, pollera blanca con un cinto muy delicado dorado y sandalias al tono, lo acompañó con un collar de perlas y pulseras, al finalizar la función se dirigió a una cafetería donde disfruto de un exquisito café Italiano y masas,  al bajar del taxi, de regreso a su departamento se creyó observada, miró a sus espaldas sin poder ver nada, emprendió su entrada velozmente y con miedo, volvió a mirar y le pareció ver que alguien subía los vidrios negros de su automóvil importado. Le dio aviso al guardia, quien descreído la escucho sin darle la mayor importancia, con la promesa de verificar su veracidad.

 La noche siguiente recordó  el episodio y pensó que solo era fruto de su imaginación, recogió las sobras de la cena y salió al patio por las escaleras llevando la bolsa de basura, caminaba lentamente con mucho cuidado de no resbalar, le pareció escuchar un ruido extraño que la abrumó, apuró su andar y de repente se encontró con un señor que venía muy de prisa por las escaleras, algo le decía que no se trataba de alguien del lugar y desvió su mirada, el sí se fijó en ella y siguió.

Ema sentía miedo, pero se dijo así misma que ya estaba algo vieja para estarse inventando historias y mucho más para ser presa del pánico.

Al llegar a su piso se apresuró a entrar notando que su puerta se encontraba abierta, vaciló un instante preguntándose si entrar o no,  no recordaba si habría cerrado bien la puerta de entrada de su hogar, encendió las luces y se tranquilizó, se sirvió un vaso de agua fresca y apagó las luces de la cocina y se retiró a descansar… Continuará


Lucía: XIV



Lucía (continuación)

Ema

Ema se levantó esa mañana pensando en cómo sería su día desde que había enviudado solo la tristeza era su compañía, se asomó por la ventana y se encontró con el sol que tímido asomaba sus rayos y se filtraban por la cortina como queriendo rozar su piel.

Se dirigió a la cocina dio de comer al gato entrado en años que no cesaba de maullar intensa y lastimosamente, era su consentido.

Pensó en darse una ducha mágica bien caliente para aliviar sus dolores, pero antes de hacerlo se acercó a su computador como lo hacía cada mañana, esperando encontrar por sorpresa algún mensaje.

Caminó pausadamente hasta el baño y dejó deslizar su bata por la espalda, soltó sus largos y finos cabellos y se permitió empapar por el mágico chorro de agua que la hacía sentir de maravillas.

Al salir de la ducha como nueva, se vistió cómodamente con jeans y remera suelta, se colocó zapatillas con suelas de goma y un pañuelo al cuello color rosa, solía decir cómoda pero  sin perder la elegancia.

Después de desayunar, salió a la calle para hacer los mandados rutinarios, por el camino se detenía a conversar con las aves de la plaza le gustaba disfrutar de su compañía.

Al llegar a la verdulería Don Juan el verdulero la consentía regalándole siempre una fruta de más, ella abonaba con una gran sonrisa, prodigándole bendiciones para él y su familia.

Al salir se dirigió a la librería para ver si había llegado algún material nuevo, y vio para su sorpresa la nueva novela de su autora favorita, que la hacía soñar con sus escritos, Lucía Mileno, no tenía mucha información de su biografía, pero a ella eso no le importaba.

En la vereda de su departamento saludó al guardia de seguridad y le regaló una fruta, a la que él recibió amablemente como cada mañana, su departamento se encontraba en el cuarto piso, al subir al ascensor se encontró con un elegante joven bien parecido a quien saludo, no sin antes pensar como le hubiese gustado tener treinta años menos y conquistar a ese hombre tan apuesto, sonrió, no podía dejar de verlo, sus manos eran fuertes y a su vez delicadas.
Al salir del ascensor se sintió ruborizar, al verse embriagada con su fragancia varonil, de pronto sus piernas se aflojaron haciéndola tambalear y caer al piso, el joven al escuchar el estruendo regresó y la ayudó a reincorporarse y la acompaño a su puerta ofreciéndole llamar a un médico, a lo cual la señora se rehusó… Continuará



Lucía: XIII